"¿Quién, cientos de veces, no se ha encontrado a sí mismo cometiendo una acción vil o tonta sólo por la simple razón de que sabe que no debe hacerla?¿No tenemos una perpetua inclinación, contra nuestro buen juicio, a violar lo que es Ley, sencillamente porque entendemos que es ley? Este espíritu de perversión, digo, vino para mi caída final. Era este deseo insondable del alma de hostigarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer el mal por el mal mismo, que me urgía a continuar y finalmente a consumar la herida que había inflingido sobre el inofensivo animal. Una mañana, a sangre fría, pasé una soga alrededor de su cuello y lo colgué de la rama del árbol, lo colgué con las lágrimas asomando en mis ojos, y con el más amargo remordimiento en mi corazón.
Lo colgué porque sabía que me había amado, lo colgué porque sentía que no me había dado razón para que yo lo lastimara, lo colgué porque sabía que haciendo eso estaba cometiendo un pecado, un pecado mortal que pondría en riesgo mi alma inmortalal colocarla, si tal cosa fuera posible, aún más allá del alcance de la infinita piedad del Más Piadoso o del Más Terrible Dios."
Edgar Allan Poe
No hay comentarios:
Publicar un comentario